Hola, sean bienvenidos a nuestro blog. El día de hoy hablaremos de un tema que se va fácil de la boca, un tema escurridizo que, no obstante, habita nuestro imaginario y acaso el imaginario popular, a saber, lo uniformes médicos.

Pregunto, ¿podemos realmente imaginar, a velocidad de plática, a un policía sin uniforme policial?, ¿podemos pensar, sin montar un artificio, a un sacerdote sin su palio?, ¿o podemos desprendernos de la figura de un médico sin su blanco uniforme? Cierto, toda imagen de mundo, o de fragmento de mundo es constituida culturalmente y de modo relativo.

Los uniformes cumplen distintos fines. Cada uno de ellos quizá igualmente importante, pero en áreas diferentes de apreciación y evaluación. El imaginario colectivo evoca imágenes de entes que acaso también habiten lo más íntimo de nuestra cabeza, ahí donde el flujo del pensamiento discursivo ya no es guiado por nosotros sino que nosotros somos guiados por él.

¿Por qué pensamos al médico de blanco? ¿Por qué el médico debe de vestir de blanco? Si pensamos, por ejemplo, que el mundo es una contingencia de símbolos en devenir, podemos pensar en muchos niveles la figura de los médicos, con bata y estetoscopio.

Uno de los niveles mencionados, es el práctico. Los uniformes médicos deben de estar pensados para largas y dinámicas jornadas, deben de ser cómodos y amables al movimiento. Las texturas deberían de ser suaves y no sofocantes. Dado que tratará con muchas personas con todo tipo de enfermedades debe de brindarle un mínimo de protección (lo cual va ir volviéndose cada vez más especializado según la zona precisa de trabajo).

En el caso de atender, en veloces consultas generales, a muchos pacientes, el atuendo, la ropa, debe de proporcionar facilidades de portar diversos instrumentos de trabajo. Uniformes donde el abatelenguas y el termómetro estén a la mano sin que ello represente o implique en modo alguna una molestia (o un estorbo) durante la revisión.

Otro aspecto a pensar son los colores. Verdad es que el blanco o blanco roto predominan. Pero debemos puntualizar que los colores, esto dependiendo de los hospitales y países donde se ejerce la medicina, suelen representar áreas específicas de trabajo. De modo tal que el médico general vestirá de blanco parcialmente, el médico en cirugías vestirá con una tonalidad distinta, el pediatra vestirá en otro color y así respectivamente. Todo ello ofrece, no sólo a la plantilla de trabajadores del nosocomio, orden interno, sino que también brinda mayor claridad a los pacientes.

Ahora bien, como hemos visto, la ropa equivale muchas veces a una especie de texto que todos pueden leer a simple y primera vista. Ilustro: sin saber siquiera el nombre o historia de un hombre todos en su poblado sabrán si es parte activa de la iglesia como oficiante de misas o si es un policía municipal o estatal. La ropa habla.

La ropa indica cosas, rangos, estatus, límites, facultades. Nosotros, sin ser especialistas en el tema de la iglesia católica podemos saber a vistazo rápido, partiendo de los atuendos, quién es el papa y quién es el monaguillo. Nosotros, acaso demasiado enamorados de la individualidad y la afirmación de un yo, consideramos muchas veces al uniforme como una especie de dispositivo uniformador. Es decir, un dispositivo que genera homogeneidad masificada (discutible punto que acaso y sea cierto).

Pero no podemos dejar de lado el hecho de que tal vez (he aquí otro punto discutible) el modo en que, bajo las oleadas de las modas y simple y sencillo margen de elección entre las grandes producciones industriales, vestimos los “jóvenes”, sea un modo de uniforme. Bien, podemos apuntar que la ropa es parte de un código social. Indica algo. Cuando vamos a un funeral (generalmente en occidente) el simple gesto de vestirnos con prendas oscuras comunica algo, envía ya un mensaje. Como sabemos todo gesto comunicativo genera comunidad. La comunicación genera comunidad y la comunidad es la que genera modos de comunicación, es por medio de códigos que nos relacionamos.

Las más de las veces se recomienda encarecidamente que los uniformes médicos lleven un escudo del hospital al cual pertenecen o un signo de la universidad de la cual egresaron. Ello ya es comunicación para los pacientes. La comunicación es un gesto aquí de respeto a los clientes, pero también es un mensaje del médico hacia él mismo de un modo profundo en su psique y predisposición al trabajo (cuanto más si consideramos la enorme responsabilidad que se les es conferida a ellos durante su servicio activo).

Cuando las jornadas han sido en verdad extenuantes y la vida social propia del doctor (como usualmente se les llama) invade su mente a la mitad de un diagnóstico, ellos mismos necesitan recordar su compromiso y su responsabilidad, y es entonces que su bata se vuelve una especie de vivo contrato y juramento.

Ahora bien, hablemos de las revisiones, pero desde el punto de vista (no menos importante por cierto) de los pacientes. Es cierto que una revisión de un desconocido es bastante invasiva (incluso cuando viene por parte de un profesional). Uno de los modos de eliminar esa incomodidad, esa tensión o de plano rechazo es la “profesionalidad” y símbolo que se manifiesta en los uniformes.

En bastante más simple permitir el acercamiento, contacto físico, revisión o incluso auscultación por parte de un total extraño (como sucede de hecho en la mayoría de los casos cuando no se tiene un médico de cabecera sino más bien un seguro médico general) cuando este avala su capacidad y respeto, lo cual se pone en escena en buena medida con el uniforme. De hecho, en muchos países es exigido, ya no solo sugerido, desde la legalidad, que los practicantes de la medicina durante servicio estén debidamente uniformados.

Es relevante destacar un hecho que hemos dejado fuera: la higiene. Tanto para la salud de los pacientes como para la salud de los médicos es vital (literalmente vital) una impecable apariencia e higiene. De ahí que los colores blancos sean tan recomendados para mantenerse en evidentes condiciones de limpieza. Ni hace falta mencionar la importancia en el orden de los médicos cirujanos en relación a la condición higiénica de sus atuendos. La higiene y su constancia pública no solo “hablan bien” del doctor sino que puede afectar de modos negativos (en el peor de los casos) la integridad o salud del enfermo.

A todo esto, las preguntas que vienen orgánicamente son las siguientes: ¿dónde podemos acudir a adquirir nuestros uniformes médicos?, ¿en qué corporación se toman realmente en serio el papel de los uniformes médicos? Todo ello hallará en Priatelia, un grupo experto en vestimentas y en uniformes. Verán cómo los conceptos tradicionales de uniformidad como sinónimo de homogeneidad se deshacen. Comodidad y estilo es el lema.

Información de interés en torno a los Uniformes médicos

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