Bienvenidos sean ustedes, estimados lectores, al sitio virtual de nuestra firma, Priatelia. Nos es grato el informarles, querido público, acerca de los servicios que ofrecemos en torno al mercado de indumentarias, especialmente de uniformes. En esta ocasión aprovecharemos para proporcionar datos de interés de unos de nuestros productos que hoy ponemos a su disposición en nuestro amplio catálogo, con el que nos hemos ganado el aprecio y la confianza de muchas personas, clientes nuestros, que trabajan en el ámbito de la medicina y de la enfermería.

Los uniformes de enfermera, que en estos días exigen largas y difíciles jornadas, deben ser poseedores de ciertas características para cumplir su desempeño del modo más óptimo posible. Tanto en las dinámicas de los institutos privados y de orden público pertenecientes a la sección salud, se necesitan atuendos apropiados que favorezcan el desempeño laboral del personal médico.

En general, hablaremos de la importancia de las prendas, símbolo del noble y necesario oficio de la enfermería, primando la higiene, la salud, la comodidad y la resistencia. Sin más tardanza, demos paso a la entrada que esperamos sea de su agrado y de suma utilidad para ustedes, nuestros apreciados lectores y visitantes.

Sobre los uniformes de enfermera, su uso e importancia en el sector salud de nuestros días.

Desde tiempos muy antiguos, los hombres y mujeres han usado prendas no sólo para cubrir su desnudez y protegerse de las variaciones ambientales, sino también para resaltar su rol en una sociedad o en una agrupación, uniformarse y dotarse de una identidad frente a las demás personas.

Tales ejemplos los encontramos en las vestiduras faraónicas, las armaduras de las milicias romanas y los hábitos de las órdenes religiosas. En la actualidad seguimos usando ropajes para reflejar nuestra personalidad o pertenencia a un grupo, entre los cuales, destacan los uniformes como los ejemplares más claros.

Todos sabemos de modo intuitivo y aproximado lo que son los uniformes, debido en parte a que desde pequeños hemos sido acostumbrados, habituados, al uso de determinadas indumentarias de modo homogéneo para representar nuestra competencia, para reflejar y simbolizar nuestra pertenencia a un determinado oficio, profesión o equipo.

Y pese a ello en pocos momentos nos hemos cuestionado con verdadera seriedad sobre el papel de los uniformes en las sociedades actuales, en las dinámicas de las sociedades contemporáneas y en las demandas que conlleva la modernidad. En pocas instancias nos preguntamos sobre el modo en que la indumentaria puede optimizar los quehaceres o, por el contrario, perjudicarlos, entorpecerlos.

Podemos definir el uniforme como un conjunto de vestidos, un compuesto de ropa que es ideado y fijado para ciertos fines de trabajo y que, en su estandarización, representa un rol social. Debemos detenernos un momento a pensar en el carácter de lo estándar, ya que es gracias a éste que se puede alcanzar su funcionalidad significativamente de pertenencia en todas sus funciones, incluidas las del posicionamiento social.

Una imagen, una identidad, todo comienza en las primeras impresiones para la sociedad moderna. Es por esta situación que tanto los sectores empresariales, institucionales, entre otros, han incrementado el uso de piezas uniformadas dadas sus ventajas y sus grandes beneficios.

El hábito de prendas homogéneas para determinar la función social de un grupo determinado de personas se remonta hasta la antigüedad, y no solo en los sectores militares o religiosos. Pero el uso de los uniformes de enfermera comienza, ya con mayor formalidad, en el siglo XX, con el propósito de conservar y procurar un ambiente higiénico, pulcro, limpio y ordenado.

Los uniformes deben de ser considerados como instrumentos de trabajo, es más, son quizás una de las piezas más importantes en el sector salud. ¿Por qué? Porque el conjunto de prendas imprime una honda afectación psicológica sobre los pacientes, porque se sabe que, y esto es muy importante, los uniformes a veces aumentan o limitan los riesgos de contagio, y porque la higiene demostrada en el atuendo desarrolla un inmediato vínculo de confianza para con los pacientes.

Durante los años 50´s y 60´s, el color estandarizado es el blanco en los uniformes de enfermeras, ya después se fueron confeccionando uniformes clínicos de distintos colores, los cuales en algunos casos sirven en estos días para puntualizar el rol específico que los médicos y enfermeros desempeñan dentro de la institución.

Como ya hemos comentado es fundamental generar una buena impresión, ya que ello favorece en la confiabilidad para poder iniciar una revisión o un tratamiento. Actualmente el uso de uniformes está regulado, normado por la ley, lo que quiere decir que son totalmente obligatorios, motivo por el cual ningún enfermero o enfermera deben de quedarse sin ellos. Cabe agregar que se han realizado numerosos estudios en los que se termina por avalar y recomendar ampliamente su usanza. Son, sin duda, un signo social de respeto, de profesionalismo.

Concluyendo: los uniformes para enfermeras y enfermeros son necesarios, útiles, recomendables y favorecen el desempeño, en muchos aspectos, de la imprescindible y noble profesión de la enfermería. En Priatelia cubrimos todos los aspectos del modo más óptimo en relación a su vestimenta de trabajo. Nuestro compromiso es su comodidad, la durabilidad de nuestros productos, ya que usamos los mejores materiales, pues investigamos con responsabilidad y nos tomamos con seriedad el mundo de los conjuntos de prendas especializadas.

Tenemos una amplia trayectoria, y la confianza de todos nuestros estimados clientes. En Priatelia creemos que todos debemos de tomarnos en serio nuestro trabajo. Visite nuestros catálogos, quedará sumamente satisfecho con nuestra variedad y calidad de modelos. En confiabilidad y en esmero, somos su mejor opción. Gracias por su visita. Quedamos a sus órdenes.

Uniformes de enfermera

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